“Polleritos”, el nuevo ‘modus operandi’ del crimen organizado

Un estudio de Reinserta y la Red por los Derechos de la Infancia señala que el reclutamiento forzado se da desde los siete años, principalmente de niños que viven en comunidades aisladas, marginadas, con altos índices delictivos o bien, de menores que sufren abandono o violencia familiar

Ante la creciente guerra entre bandas criminales que ha provocado ‘bajas’ de sus elementos, éstas organizaciones diseñaron un nuevo ‘modus operandi’. Se trata del reclutamiento forzado de adolescentes y niños que son obligados a trabajar para ellos guiando a los migrantes que cruzan la frontera entre Tamaulipas y Texas, a través del Río Bravo.

Los criminales dedicados al tráfico de personas los utilizan como polleritos debido a que, cuando son detenidos por las autoridades de Estados Unidos, son tomados como menores de edad que viajan solos y los repatrian sin mayores consecuencias, de acuerdo con Óscar Misael Hernández, académico del Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros.

En 11 años de estudiar el fenómeno migratorio, el antropólogo detectó esta vertiente del reclutamiento forzado de jóvenes por parte de la delincuencia organizada. Se les llama “menores de circuito” porque a las pocas horas de regresar a México ya están de nuevo en las calles al ser recogidos de los albergues por presuntos tíos o hermanos, pero en realidad son los criminales para los que trabajan. Ya conocen la frontera y como sólo a los adultos se les castiga por coyotaje, tanto en México como en EU, a la delincuencia le conviene aprovecharse de ellos.

Un estudio de Reinserta y la Red por los Derechos de la Infancia, señala que el reclutamiento forzado se da desde los siete años, principalmente de niños que viven en comunidades aisladas, marginadas, con altos índices delictivos o bien, de menores que sufren abandono o violencia familiar.

La creciente guerra entre bandas criminales ha dejado miles de muertes y desaparecidos a su paso en los últimos años y, para que éstas eviten su colapso reclutan cerca de 350 personas cada semana, principalmente niños, adolescentes y jóvenes, de acuerdo con la revista Science.

Juan Martín Pérez García, coordinador de Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe, estima que entre 30 y 35 mil menores son obligados a unirse a la delincuencia organizada.

La organización Reinserta detalla que el reclutamiento forzado está relacionado con comunidades con altos índices delictivos, zonas aisladas, abandono familiar, que los menores y jóvenes tengan familiares que se dediquen a ilícitos, malas amistades o desaparición forzada.

Un estudio de las organizaciones Reinserta y la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) detalla que las edades más tempranas que se han identificado en el reclutamiento de menores van entre los siete, ocho y nueve años de edad. “Se trata de una etapa en la que ya se encuentran consumiendo algún tipo de droga”, cita el informe.

La situación económica y la posibilidad de obtener un ‘estatus’ dentro de una organización donde se puede ‘crecer’ con diferentes rangos se vuelve atractiva para menores que con frecuencia provienen de hogares violentos y dejaron la escuela; muchos de los cuales de manera ‘voluntaria’. Por ello, para un niño sin dinero empezar a ganar hasta 600 pesos al día o menos, la propuesta de trabajar significó una ‘nueva oportunidad’ de vida”, dice el informe.

Me llevaban a un cerro en donde te dejan las 24 horas. Te dan tu radio y tu largo (arma) para que te cuides y cuides gobierno (organización criminal) cada vez que pase una patrulla. Me daban de comer una vez al día, un lonche. Y en la noche van y te llevan un café. Allí me dejaron seis meses”, narró Alberto, un menor entrevistado por la Redim.

Según el informe, “las ‘oportunidades’ y habilidades que demostró Alberto lo hicieron destacarse del resto de sus compañeros. Así ocupó otras posiciones que lo llevaron a convertirse en halcón”.

Entre los cargos y jerarquías ejercidos por menores que han sido identificados dentro de las organizaciones delictivas y el crimen organizado se reconocen puestos como puntero, pilero (encargado de conseguir las pilas para grabadoras o para medios donde se comunican), halcón (responsables de vigilancia y alertar en la zona de control del grupo delictivo), tendero (encargado de un punto de venta de droga), cocineros (encargados de meter cuerpos en ácido para desintegrarlos), hilero, sicario, comandante y jefe de plaza.

El sicario es uno de los puestos más relevantes y de mayor jerarquía que puede alcanzar la niñez que es reclutada. Le siguen los comandantes, jefes de plaza y el jefe mayor, que es el jefe de toda una célula”, describió Marina Flores Camargo, directora del área de Monitoreo y Evaluación de Reinserta, en el documento.

En entrevista con Excélsior, Pérez García recordó el estudio de Science, en el que participó el recientemente fallecido Alejandro Hope, analista de seguridad, en el que se señala que “el reclutamiento es uno de los temas clave para mantener la guerra”.

Una estimación muy conservadora es que cada año pudieran ser reclutados entre 30 y 35 mil niños y adolescentes”, detalló Juan Martín.

De acuerdo con la reciente publicación de Science, para 2022, los cárteles contaban con entre 160 mil y 185 mil miembros, los cuales se han visto mermados por la alta cifra de homicidios y detenciones.

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